Sargadelos inicia en 1806 de la mano de Antonio Raimundo Ibáñez una marca de cerámica española de renombre. Estableció su primera fábrica de loza en la pequeña parroquia de Sargadelos, en el municipio de Cervo.
Durante esta primera etapa, que abarca hasta 1875, la fábrica de Sargadelos se inspiró en la loza inglesa. Se produjeron también las primeras piezas pintadas a mano con motivos neoclásicos, y más tarde, bajo la dirección de talentos como el francés Richard y el británico Edwin Forester, se introdujeron técnicas de estampación y policromía.
En su momento cumbre, entre 1845 y 1862, la fábrica llegó a emplear a un millar de familias. Sin embargo, factores económicos adversos llevaron a su cierre en 1875.
Tras un periodo de inactividad, la cerámica de Sargadelos resurgió con fuerza a mediados del siglo XX, ligada a las vanguardias culturales y al movimiento galleguista.
El "nuevo" Sargadelos se caracterizó por una estética muy diferente a la original.